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Las mujeres en MENA: empoderamiento para la paz

Cartel de una protesta de hombres a favor de la igualdad de género.

Desde el año 2000 en la Organización de Naciones Unidas (ONU) se reconoce incesantemente la importancia de la mujer a la hora de prevenir y resolver los conflictos. La Resolución 1325 (2000), Mujeres, Paz, y Seguridad, adoptada por el Consejo de Seguridad ese año, admitía por primera vez que la participación de las mujeres en los procesos de paz son cruciales para lograr una resolución efectiva y duradera de los conflictos, e instaba a los Estados miembros a «aumentar la representación de la mujer en todos los niveles de adopción de decisiones [….] para la prevención, la gestión, y la solución de conflictos».

A lo largo de los últimos 18 años se han adoptado siete resoluciones complementarias, todas ellas defendiendo de alguna u otra manera la apremiante necesidad de fomentar la inclusión de la mujer en los procesos de adopción de decisiones en la prevención y solución de conflictos. Si bien, a la vez, se ha reconocido también la obligación de proteger a las mismas contra la violencia sexual que se usa como táctica de guerra -aunque no únicamente -, y que no solamente mina la plena participación de las mujeres en la sociedad, sino que agudiza y/o prolonga la situación de conflicto en las sociedades en las que se lleva a cabo. La última resolución adoptada en este sentido, la RES/ 2242 (2015), reflexiona sobre la naturaleza cambiante de los conflictos e incluye la cuestión del extremismo violento y su derivación hacia el terrorismo, y anima a los Estados miembros a «velar por la participación y el liderazgo de las mujeres y las organizaciones de mujeres en la elaboración de estrategias de lucha contra el terrorismo y el extremismo violento».

A pesar de este marco teórico, en la práctica la aplicación ha sido escasa. En algunos casos, como en el de Mali, tal como denuncian desde la ONU Mujeres, los mediadores han alegado que la inclusión de las mujeres en las negociaciones de paz podría retrasar el proceso, y prefieren incorporarlas en la fase de reconciliación, una vez se haya alcanzado un acuerdo. Ni siquiera la presencia de la ONU y la Unión Europea (UE) no ha garantizado una mayor participación de las mujeres, y en 2015 solamente había un total de cinco mujeres dentro de los grupos de negociación, fecha coincidente con el decimoquinto aniversario de la RES/ 1325 (2000).

Estudios sobre procesos de paz llevados a cabo desde el siglo XX hasta la actualidad, en los que han participado grupos de mujeres en las negociaciones, han demostrado que hay mayores probabilidades de que se alcance un acuerdo, se aplique y se progrese que en los que no participan o en los que ejercen poca influencia. Colombia, Filipinas y Liberia son ejemplos notorios en donde las mujeres han influido en los procesos de paz, si bien lo han hecho desde el ámbito informal. En el caso de Liberia, las mujeres impulsaron el movimiento Acción de Masas por la Paz de las Mujeres de Liberia cuyo activismo posibilitó poner fin a las guerras civiles en el país que, consiguientemente, facilitó la convocatoria de elecciones pacíficas en 2005, en las que por primera vez en la historia del país ganó una mujer. Estos acontecimientos han permitido alcanzar la paz
y la estabilidad de Liberia que siguen hasta la actualidad. Asimismo, la participación de las mujeres filipinas en las negociaciones de paz entre el gobierno y la guerrilla Frente de Liberación Islámico Mora (MILF) ha posibilitado profundizar en la igualdad de género una vez alcanzado el acuerdo de paz, al incluirlas posteriormente también en otros mecanismos institucionales del proceso o en los planes de desarrollo económico adoptados.

Pero para que las mujeres ganen espacio en la mesa de negociación, hace falta necesariamente que primero se las considere como actores sociales en igualdad de derecho que la contraparte masculina. Refiriéndonos en sentido estricto al ámbito de Oriente Medio y Norte de África (MENA, por sus siglas en inglés), en esta región el empoderamiento de las mujeres ha sido lento, y ha encontrado muchas resistencias en los planos político, económico y social. En la actualidad, MENA es una de las regiones más conflictivas del mundo, y también en la que se registra la mayor brecha de género–cerca del 40 %-. Siria y Yemen, los dos escenarios de guerra abierta en la región, están a la cola del ranquín elaborado por el Foro Económico Mundial sobre la desigualdad de género. Si nos atenemos estrictamente al empoderamiento político como primer requisito indispensable que contribuiría a dar voz a las mujeres en el ámbito conflictivo, los países de MENA son los que peores resultados registran. Arabia Saudí, Bahréin, Egipto, Irán, Jordania, Kuwait, Líbano, Qatar, Siria, y Yemen ocupan los últimos puestos del subíndice.

Haciendo uso del marco teórico expuesto, se podría afirmar que la conflictividad regional en MENA es producto, en parte, de la infravaloración y la subrepresentación de las mujeres en la sociedad, sin tomar en consideración otros factores extrínsecos causales de dichos conflictos. En este sentido, se podría afirmar que el empoderamiento de las mujeres en la región podría impulsar la estabilidad general.

Seguir leyendo en la web del Instituto Español de Estudios Estratégicos (IEEE)

Artículo publicado en octubre de 2018.

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