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La potencial amenaza del fundamentalismo chií

Metralla de combate en un coche marca Toyota.

La mayor parte de los atentados de etiología yihadista proceden de grupos cuyos integrantes profesan un islam de corte sunní. Por su parte, las dos organizaciones terroristas internacionales –Al Qaeda y Daesh-, son de naturaleza sunní. Esto hace pensar que una de las mayores amenazas a la paz y seguridad mundiales, en este sentido, procede de agrupaciones sunníes.

No obstante, hay otros grupos islamistas, presuntamente de no tanto alcance, ni de tanta repercusión, que también supondrían un serio peligro a la seguridad internacional. Es el ejemplo de las agrupaciones pertenecientes a la rama chií, que de alguna manera, quizá más discreta, llevan a cabo operaciones con propósitos igual de ambiciosos que las formaciones sunníes.

A mitades de 2015, el diario árabe Al-Hayat se hacía eco del supuesto apoyo que Irán estaría proporcionado a más de 100 grupos terroristas de corte chií en Irak y en Siria, y cuyas atrocidades poco difieren de las de organizaciones terroristas como el Daesh. En agosto de 2016, la cadena estadounidense Fox News aseguraba, a través de varias fuentes de alto nivel, de la existencia de alrededor de 100.000 combatientes chiíes patrocinados por Irán en Irak. Estas milicias, que en principio estaban combatiendo contra el Daesh, preocupaba a las autoridades norteamericanas por su retórica anti imperial y anti estadounidense.

Las amenazas por parte de los miembros chiíes contra Estados Unidos han sido recurrentes. En julio de 2016 el clérigo chií Muqtada al-Sadr  hizo un llamamiento a sus seguidores para asesinar a soldados estadounidenses. Asimismo, en la misma dirección apuntó un comunicado televisado en marzo en donde el grupo Asa´ib Ahl al-Haq (AAH) advirtió que llevará a cabo ataques contra fuerzas estadounidenses si estos no se retiraban de forma inmediata.

Asa´ib Ahl al-Haq es una milicia chií y partido político respaldado por Irán, fundado en Irak en 2006, tras la ruptura del Ejército al-Mahdi (JAM), el brazo armado del Movimiento Sadr. En 2016 contaba con cerca de 10.000 miembros entrenados por las Fuerzas Al Quds de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní, lo que le convierte en una de las tres milicias más destacadas de Irak. Opera bajo el mando del comandante Qasem Soleimani de las Fuerzas Al Quds, considerado terrorista por Estados Unidos, y cuyo derecho a viajar a nivel internacional ha sido vetado por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. El grupo ha llevado a cabo más de 6.000 ataques contra fuerzas estadounidenses e iraquíes desde su fundación y hasta 2011. Los miembros de Asa´ib Ahl al-Haq han participado también en la guerra de Siria como integrantes de la Brigada Abu alFadl al-Abbas (AFAB).  Si bien en 2013 su líder Qais al-Khazali justificó la presencia del grupo como parte de la defensa de los lugares sagrados chiíes, como la mezquita Sayyeda Zeinab de Damasco, su contribución va más allá, al combatir al lado del presidente Assad.

El fortalecimiento de los chiíes

Aunque es difícil de estimar el número exacto de población chií dentro del Islam, de acuerdo con las cifras que maneja la Agencia Central de Inteligencia (CIA), entre 10% y 20% de la población musulmana pertenecen a esta rama. La mayor parte de ellos -60%-80%- se concentra en sólo cuatro países: Irán, Irak, Pakistán e India.

A la comunidad chií se le ha relegado y perseguido a lo largo de los años, y se ha intentado reprimir sus posibles reivindicaciones, dentro del mundo islámico. Sin embargo, en la historia moderna, dos hechos relevantes hicieron que sus seguidores volvieran a la primera plana: la Revolución Islámica de Irán, y la caída del régimen de Sadam Hussein en Irak. Este último evento posibilitó la toma del poder por parte de la comunidad chií en Irak, mayoritaria en el país, poniendo fin así a la hegemonía de los sunníes, llegandose a hablar de un surgimiento chií en el país y en la región.

El triunfo de la Revolución Islámica de Irán en 1979 representó un acontecimiento de gran calado para la comunidad chií que encontró en este país una base firme para la defensa de sus derechos. El fundamentalismo encontró su máxima expresión en la misma, y fue la que permitió la posterior constitución de una República Islámica de corte chií, y la que devolvió la esperanza entre los miembros de esta rama islámica, al demostrar que el proyecto del “estado islámico” no era una utopía, sino que podía tener cabida en la posmodernidad. A lo largo de los últimos años, el discurso fundamentalista ha encontrado su máxima expresión en la retórica anti imperialista, anti estadounidense, y anti Israel, que reiteradamente han expresado los líderes iraníes; retórica que ha transfigurado hacia el anti occidentalismo, en general.

Gran representante del mundo chií, la aspiración de Irán consiste básicamente en proyectar su liderazgo sobre esta comunidad, a través de la dilatación de su influencia hacia otros países de Oriente Medio, para minar, así, el poder y hegemonía de la comunidad sunní. Un principio de la política exterior de Irán después de la Revolución ha sido su fuerte compromiso con los grupos islamistas, así como con los grupos disidentes de terceros países y, en este sentido, los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica son una herramienta importante que el Gobierno iraní utiliza para defender sus intereses. El grupo de élite de la Fuerza Al Quds destaca dentro de la Guardia por ser la rama que lleva a cabo las operaciones en el exterior, proporcionando apoyo a distintos grupos de naturaleza revolucionaria o terrorista.  De entre sus actuaciones, destacó su apoyo a los opositores a la dinastía sunní en Bahrein, así como la actual ayuda a los rebeldes Houthis en Yemen, o al gobierno de Bashar al Assad en Siria en contra de los disidentes y de los grupos terroristas. Además, este grupo de élite es el que se encarga del entrenamiento y el equipamiento de los grupos y milicias chiíes, como Hamas o Hezbolá, entre otros.

El desmantelamiento de los pilares del autoritarismo de Sadam Husein, en Irak, así como del partido Baath y sus milicias afines, abrió el sistema de la política iraquí a la influencia extranjera, sobre todo a la de Irán. El estado de cosas emergido tras la intervención de Estados Unidos permitió a Irán comenzar a extender su influencia en la región, empezando primero en el mismo Irak.  La constitución de un Gobierno chií en 2006, con Nuri al-Maliki al frente del mismo como primer ministro, constituyó una oportunidad sin precedentes para la república iraní en aquel país.

Por su parte, Siria, a pesar de tener una población mayoritariamente sunní, fue el primer país que, una vez el Ayatolá Ruhollah Jomeini tomara las riendas de Irán, reconoció al nuevo gobierno. Desde entonces Siria e Irán mantienen una alianza política inquebrantable alimentada por la aversión que ambos países guardan hacía Occidente, e igualmente cementada por la enemistad que tienen hacia Israel. A lo largo de los años, la alianza de ambos se ha fortalecido a través del eje que han conformado con la organización libanesa Hezbolá, y que se ha conformado como un núcleo de resistencia en contra de la hegemonía de Estados Unidos e Israel en Oriente Medio. El respaldo de Irán al régimen de Assad se ha alimentado de la ayuda política, económica, militar y logística que el Gobierno persa ha proporcionado a Damasco, ayudando a este a persistir en el poder hasta la fecha. Además, desde el inicio del conflicto, el presidente sirio ha permitido la entrada de las Fuerzas Quds para entrenar a unidades de autodefensa chií y a las demás milicias de la misma naturaleza.

Conjuntamente con la agrupación libanesa Hezbolá, Irán también ha fomentado a través de entrega de dinero y armamento la creación, en Siria, de Jaysh al-Sha´bi, un grupo paramilitar que cuenta con cerca de 50.000 efectivos formado por milicias locales chiíes y alauitas, y que, supuestamente, recibe entrenamiento militar por parte de miembros de Hezbolá y los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica iraníes

Fundamentalismo vs. terrorismo

Si bien el fundamentalismo no es sinónimo de extremismo islámico, la violencia si puede ser una herramienta útil para la consecución de determinados objetivos. Los ataques suicidas, muy empleados últimamente por los miembros de las organizaciones terroristas de corte sunní también han sido empleados reiteradamente por miembros de grupos extremistas chiíes. Es más, este tipo de ataques se han puesto de moda con Hezbolá, con los primeros dos ataques sobre objetivos occidentales en Beirut en 1983 -contra la Embajada de Estados Unidos y contra las fuerzas militares francesas, respectivamente. Desde entonces, si bien no de forma tan frecuente como en el caso de los grupos radicales sunníes, otra serie de atentados perpetrados por grupos extremistas chiíes sacudieron no sólo la región de Oriente Medio, sino también a otros países del mundo.

Dos de los mayores actores terroristas islámicos chiíes, internacionalmente conocidos, han sido y son Hezbolá y los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica iraníes. El grupo libanés Hezbolá es la agrupación chií fundamentalista y extremista quizá más conocida. Creado en 1982 con el apoyo de Irán, si bien tiene su base y el centro de interés en Oriente Medio, cuenta con células también en Europa, África, Estados Unidos, América Latina y Asia. Sus actividades terroristas llevadas a cabo contra intereses de Estados Unidos y de Israel, su principal enemigo, han llevado a su inclusión en la lista de las organizaciones terroristas del Departamento de Estado de Estados Unidos en 1997. Por su parte, la Unión Europea también ha designado al brazo armado de Hezbolá organización terrorista en 2012, distinción que confiere sin embargo legitimidad a Hezbolá como fuerza política.  Desde su fundación, Irán ha estado financiando y entrenando a los miembros de Hezbolá, aunque también ha proporcionado apoyo armamentístico, cuyo flujo se ha realizado a través de Siria. Si bien internacionalmente su fama está estrechamente unida al terrorismo,  en Líbano este grupo es un partido político legítimo que cuenta con escaños en el parlamento.

En Oriente Medio, Hezbolá en colaboración con Irán, llevaron a cabo sucesivos ataques terroristas en los años 80 y 90, que en la mayoría de los casos tuvieron como objetivo delegaciones militares y diplomáticas occidentales en Oriente Medio. Uno de los atentados más significativo desde el punto de vista del número de víctimas ocurrió en 1996 en Arabia Saudí, en el ataque contra las torres Khobar en Dhahran que acabó con la vida de 19 pilotos estadounidenses y con 370 heridos.

No obstante, el blanco de la mayor parte de los ataques terroristas chiíes hasta la actualidad ha sido Israel, y no sólo en la región sino también en el exterior. En los años 90, Argentina sufrió dos ataques terroristas de gran envergadura que fueron llevados a cabo contra objetivos judíos, y que todavía falta por esclarecerse jurídicamente la autoría de los mismos. Sin embargo, diversas investigaciones apuntan que la orquestación de los mismos se hizo desde Irán, por parte de altos funcionarios iraníes, y perpetrados por una de las redes de Hezbolá presentes en la región. En la actualidad, Hojjat al-Eslam Mohsen Rabbani, ex agregado cultural de la Embajada de Irán en Buenos Aires, es considerado uno de los principales responsables de los dos ataques, y es uno de los hombres más buscados por la INTERPOL.

Francia, por su parte, también ha sido objeto de una serie de ataques perpetrados por Hezbolá en los años 80. En el marco de la guerra que enfrentó a Irak e Irán, Francia, al igual que Estados Unidos, se posicionó a favor de Sadam Hussein al que proporcionó ayuda militar y financiera. Con el objetivo de poner fin a la influencia de Francia en el conflicto, Hezbolá llevó a cabo una serie de atentados en el país europeo, principalmente en París, al mismo tiempo que secuestró ciudadanos franceses en Líbano. El resultado de esta “campaña de presión” fue la que puso fin al apoyo formal de Francia a Irak en 1987.

En la actualidad, Hezbolá está concentrando su campo de operaciones en la región de Oriente Medio, principalmente en las zonas de conflicto como Irak y Siria, al igual que los demás grupos y milicias chiíes que han surgido en los últimos años bajo el patrocinio de Irán. Los principales objetivos de los mismos serían combatir contra los miembros de los grupos sunníes, y contra la presencia occidental, fundamentalmente. Sin embargo, también se registraron enfrentamientos entre los propios grupos chiíes, lo que denotaría un posible choque de intereses.

Kata´ib Hezbollah es otra milicia chií fundada en 2006 que, al igual que las demás agrupaciones de su género, dependen directamente del patrocinio de Irán al que presta sus servicios. Su líder, Jamal Jaafar Ibrahimi, es considerado el cerebro de los ataques terroristas a las embajadas de Estados Unidos y Francia en Kuwait de 1983.  Durante la guerra de Irak iniciada en 2003 esta milicia era la encargada de combatir contra las tropas estadounidenses y las demás fuerzas occidentales aliadas. Una vez terminada la guerra, desvió su campo de actuaciones a Siria, en donde, al igual que los grupos anteriores, defiende su presencia en orden a defender los santuarios chiíes. Desde 2009 esta milicia está incluida en la lista de organizaciones terroristas del Departamento de Estado de Estados Unidos, la única milicia chií catalogada como tal.

Por su parte, la Organización Badr o Movimiento Badr es considerada una de las agrupaciones más poderosas de Irak.  Constituida en 1983, es un partido político y una fuerza paramilitar por igual, que comenzó actuando bajo el paraguas de Irán, pero que en ocasiones ha llevado a cabo ataques fuera de su orden, lo que ha llevado al distanciamiento entre ambos. La agrupación es responsable de numerosos atentados contra sunníes iraquíes. Desde 2007 el brazo político cambió su denominación al Consejo Supremo de Irak como intento de desvincularse de Irán, hecho que le costó la ruptura con su brazo militar en 2012

A pesar de que no se ha registrado ningún ataque contra Occidente fuera de las zonas de conflicto en los últimos años, la presencia de redes en diversas partes del mundo constituye una amenaza latente que no hay que ignorar.

La multitud de milicias y grupos chiíes en Irán e Irak pueden suponer un aliado a corto y medio plazo para combatir a la organización terrorista Daesh, el único objetivo común con Occidente. Sin embargo, el potencial de algunas agrupaciones chiíes hace pensar en el riesgo de que el presunto vacío dejado por Daesh no acabaría con la amenaza del terrorismo en la región. Esta organización terrorista podría ser reemplazada por otra de orden chií cuyas pretensiones, objetivos, y operaciones no diferirían en absoluto.

Artículo editado.

Publicado en octubre de 2016 en Atalayar.

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