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Refugiados sirios en América Latina: una nueva vida más allá de Europa

Padre e hijo de origen sirio venden pasteles árabes en un mercado ambulante en la estación de San Fernando en Buenos Aires

En la localidad bonaerense de San Fernando cada sábado los pasteles árabes preparados por Mohamed y su mujer Jouda compiten con los productos regionales argentinos en el marco de la feria ubicada en la estación de tren. Hace poco más de un año, llegaron a Argentina junto a sus tres hijos menores gracias a la ayuda de uno de los hermanos de Mohamed establecido en el país desde hace 30 años.

A poca distancia de San Fernando, Fares, un joven de apenas 23 años amplió la oferta gastronómica árabe con un restaurante austero ubicado en el centro de Buenos Aires. Cuatro años atrás decidió salir de Siria aprovechando sus lazos familiares en Argentina a través de un tío que vive en la capital porteña desde hace 20 años. Una vez en Argentina llamó al resto de sus familiares desde Siria, y junto a su padre, cocinero de profesión, abrió Al Fares.

Como Mohamed y Fares, cada vez es más habitual que sirios que huyen de la guerra busquen reconstruir su futuro en América Latina. Si bien muchos siguen soñando con llegar en algún momento a Alemania, u otro Estado más desarrollado, siendo el bienestar económico el primer factor que evalúan los refugiados a la hora de optar por uno u otro país de acogida.

Aunque más allá, a diferencia de los inmigrantes sirios que arriesgan sus vidas para alcanzar Europa, o que esperan largamente en algún campo de refugiados a ser acogidos en el seno de algún país, los que optan por viajar a la región latinoamericana lo hacen en avión, y con la certeza de que ahí podrían reconstruir una vida nueva gracias a la protección legal de la que gozan los refugiados. Así lo remarca también la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) que ha destacado en su página web un total de 30 buenas prácticas legislativas en materia de protección de refugiados en América Latina, recalcando la “generosa tradición de asilo” en la región, y considerándola un ejemplo a seguir en esta materia.

Desde la Declaración de Cartagena de 1984, el compromiso de los países latinoamericanos para con los refugiados ha ido en aumento hasta el punto de que en la actualidad es uno de los pocos asuntos que consigue crear consenso entre los 28 Estados de la región, quienes han acordado un plan de acción común para fortalecer los mecanismos de protección de los refugiados. De acuerdo a las últimas estadísticas, a Latinoamérica han llegado alrededor de 5.000 refugiados sirios, una cifra muy inferior a las de Europa, pero que está en ascenso. Para la recepción de los refugiados los países de la región disponen de programas de visados humanitarios y de reasentamiento de refugiados.

Brasil es el que acoge a la mitad de los refugiados en la región. Según los últimos datos proporcionados por el Comité Nacional para los Refugiados de Brasil (CONARE), en mayo de 2016 los sirios conformaban la mayor comunidad de refugiadoscon 2.298 de los 9.000 que vivían legalmente en el país hasta la fecha. Antes del impeachment de la ex presidenta Dilma Roussef, el país se comprometió con Alemania y la UE a acoger a 100.000 refugiados sirios más directamente de los campamentos de europeos. Si bien la decisión fue contestada en un principio por la administración de Michel Temer —descendiente de padres libaneses— alegando razones de seguridad, el compromiso para con los refugiados sirios volvió a ser ratificado por el presidente en la Reunión de Alto Nivel sobre Grandes Movimientos de Refugiados y Migrantes de la ONU celebrada en septiembre de 2016. No obstante, en ese mismo año las concesiones de refugio han caído un 30%, algo que el Gobierno brasileño justifica por el incumplimiento de los requisitos necesarios por parte de los solicitantes. El país dispone de un régimen simplificado de concesión de visados para los refugiados sirios, y a través de CONARE, facilita los medios necesarios para la protección social y jurídica, la asistencia, la integración de los refugiados. Para la plena integración de estos, Brasil pone a disposición distintos mecanismos para la inserción laboral, tal como talleres para fomentar la cualificación, y cursos de emprendimiento que les instruye en las opciones que tienen para formalizar un negocio y/o en cómo obtener un crédito.

Un caso peculiar es el de Argentina en donde existe la figura del llamante,creada para la acogida e integración de los refugiados sirios, y que consiste en que los ciudadanos argentinos actúen como receptores de familias de refugiados, lo que implica que deban comprometerse con proporcionarles a estos alojamiento, asistencia financiera y los medios apropiados para la integración en la sociedad. El Estado argentino únicamente proporciona los visados, y para ello ha lanzado en 2014 el “Programa Siria” con el objetivo de facilitar el ingreso de los refugiados sirios en el país. Los que deseen llegar a Argentina deben tramitar una solicitud de visado humanitario a través de las representaciones diplomáticas de Líbano, Jordania, Turquía o cualquier Estado donde se encuentren, un proceso que tardaría cinco meses aproximadamente. Una vez llegados, el Gobierno debe analizar si los solicitantes se encuadran o no dentro del estatus de refugiado.

En el primer semestre de 2017 hubo más de 230 solicitudes de ingreso en Argentina por parte de ciudadanos sirios, casi tres veces más que el mismo periodo del año anterior. Sin embargo, si bien en 2016 se registraron 291 solicitudes, la Comisión Nacional para los Refugiados (CONARE) reconoció como refugiados a un total de 93 personas afectadas por el conflicto sirio.

El proceso de recepción de solicitantes de refugio se ve facilitado por el surgimiento de diversas organizaciones civiles, como Refugio Humanitario Argentino (RHA) que actúa de intermediario entre los ciudadanos sirios y los argentinos que desean ser llamantes. Su fundador, Mariano Winograd, ascendiente de judíos, acogió personalmente a una pareja siria, y decidió dar el paso hacia conformar una red social que contribuya a la recepción e integración de los ciudadanos sirios que llegan a Argentina, que colabora en la actualidad con las demás instituciones humanitarias y gubernamentales.

En México y Costa Rica, desde la sociedad civil se ha impulsado el Proyecto Habesha, una iniciativa por parte de estudiantes mexicanos que proporcionan los medios necesarios para que los refugiados sirios tengan la oportunidad de viajar al país para terminar sus estudios superiores. El proyecto se alimenta de donaciones, sin embargo, los ciudadanos sirios llegan en este caso con una visa de estudiante y el Gobierno no les reconoce el estatus de refugiados, por lo que estos deberían buscar una manera de obtenerlo o volver a Siria una vez terminado el programa. Si bien el proyecto se lanzó en 2014, en México, país que lidera esta iniciativa, únicamente nueve jóvenes sirios han disfrutado hasta la actualidad del programa, aunque está previsto que el país acoja a un total de 30 estudiantes hasta fin de 2018. Costa Rica, por su parte ya ha aprobado la llegada de tres jóvenes sirios, si bien las escuelas que participan del proyecto van a conceder ocho becas más.

Los gobiernos de América Latina facilitan a los refugiados el acceso a la salud y a la educación pública, el aprendizaje del idioma, cursos que les capaciten a auto-gestionarse, y en ocasiones ayuda financiera hasta que consigan incorporarse en el mercado laboral. Sin embargo, el proceso de integración no resulta fácil. Una de las principales trabas es el idioma, seguido de la precariedad de los sistemas de bienestar, el costo de vida elevado debido a la inflación y la precariedad laboral lo que obliga a la mayoría a abrir sus propios negocios.

Al igual que Fares y Muhamed, la mayoría deben buscar alternativas de autogestión que les ayude a sustentarse de forma autónoma. En Chile, donde el Ejecutivo apenas aprobó a principios de 2017 la llegada de 60 refugiados sirios, los que ya están establecidos se dedican básicamente a la venta de comida callejera a pesar de la alta cualificación profesional. Desde el inicio del conflicto sirio, a Chile han llegado cerca de 250 ciudadanos, aunque lo hicieron por sus propios medios, y el Gobierno no les ha concedido la condición de refugiados.

Perú, por su parte, ha concedido el estatus de refugiado a 25 ciudadanos sirios y la situación no difiere mucho, ya que estos encuentran grandes dificultades para subsistir. Debido a estas dificultades hay quienes expresan su voluntad a ser reubicados. Uruguay ha estado lidiando con un conflicto abierto con varias familias de refugiados sirios que en un par de ocasiones se han desplazado desde la ciudad donde han sido ubicados hasta la capital para protestar por las malas condiciones en las que vivían, y han pedido salir del país y ser acogidos por otro. Esta situación ha obligado al Gobierno uruguayo, que había recibido a alrededor de 40 ciudadanos sirios, a tomar la drástica decisión de interrumpir su programa de acogida de refugiados hasta que se establezca un nuevo protocolo para asistir a los mismos. En Argentina, asimismo, a principios de 2017 dos familias prefirieron volver a Siria, debido a la dificultad de adaptarse en el país, y a la mala situación económica.

Si bien estos casos son aislados, la corrupción, los altos índices de pobreza, de inflación y de criminalidad, así como la escasez laboral, y la precariedad de los sistemas sociales, son una realidad en los países latinoamericanos, con la que tienen que lidiar a diario sus ciudadanos. Las buenas intenciones de los gobiernos no son suficientes a veces para dar respuesta a las crisis humanitarias que engrosan cada año el número de refugiados. Tampoco las de las iniciativas civiles, cuyas principales trabas suelen ser los recursos económicos, y que si bien juegan un papel importante a la hora de asistir a los refugiados, no puede suplantar la labor de las instituciones gubernamentales.

Artículo editado.

Publicado en agosto de 2017 en esglobal.

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