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¿Por qué los refugiados quieren ir a Alemania?

Migrants clamber onto a train at Gevgelija train station in Macedonia, close to the border with Greece July 30, 2015. Tens of thousands of migrants, mainly from the Middle East and Africa, use the Balkans route to get into the European Union, passing from Greece to Macedonia and Serbia and then to western Europe. After walking across the border into Macedonia to the small local station of Gevgelia, migrants pile onto an overcrowded four-carriage train in sweltering heat, young infants among them, to travel about 200 km north. Their aim: to enter Serbia on foot, another step in their uncertain search for a better life. REUTERS/Ognen Teofilovski TPX IMAGES OF THE DAYPICTURE 16 OF 33 FOR WIDER IMAGE STORY "MIGRANTS: A TRAIN TOWARDS A NEW LIFE"SEARCH "TEOFILOVSKI TRAIN" FOR ALL PICTURES

Una imagen. El rostro de felicidad de los refugiados que en coro gritaban “Germany, Germany”. Fue la estampa que se repitió en  los medios de comunicación en 2015 tras haberse conocido la decisión del gobierno de Hungría de permitir la salida del país a los inmigrantes documentados para alcanzar su meta final: Alemania. La policía de Austria, país de transición, había informado que en agosto de 2015, en un solo día, cerca de 3.650 refugiados alcanzaron su capital, y ante tal avalancha los cuerpos de seguridad únicamente pudieron contemplar pasivamente cómo estos se embarcaban en trenes vía Berlín o Munich. La euforia había durado poco dado que las autoridades húngaras repentinamente cortaron el acceso a sus trenes, impidiendo con ello que los miles de refugiados que se agolpaban en la estación de Budapest subieran en los mismos, aún con el billete comprado.

Crisis migratoria

En verano de 2015 los países europeos se confrontaron con lo que la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) califica de mayor crisis migratoria desde la Segunda Guerra Mundial. A los inmigrantes que desde el norte de África trataban de alcanzar a diario las costas de Italia y de España, se sumaron los refugiados de Oriente Medio. Entre enero y julio de 2015 más de 124.000 refugiados e inmigrantes lograron llegar a Grecia, el primer punto caliente europeo, según ACNUR, una cifra que supuso un incremento de 750% frente al mismo periodo de 2014. Sólo en el mes de julio se registraron cerca de 50.000 entradas que, en su mayoría, proceden de Siria – 70% – , Afganistán e Irak.

La guerra de Siria, que había cumplido su cuarto año, unido a la amenaza del Daesh, fueron las principales causas que empujaron a las poblaciones a arriesgar sus vidas en travesías cuyo coste se había multiplicado por diez. Si apenas un año antes el mismo viaje costaba 1.000 euros, en 2015 fácilmente, según los testimonios de algunos inmigrantes, podía llegar a 10.000, una cifra inflada por el aumento de la demanda ante las redes de tráfico de personas que aprovecharon la desesperante situación.

Una vez en suelo europeo el deseo de los refugiados y/o inmigrantes se repetía fielmente en boca de todos: ir a Alemania. Este país es el que mayor número de solicitudes de asilo recibe, de acuerdo con ACNUR, seguido por Francia, Suecia, Italia y Reino Unido. A finales de 2014 se registraban en Alemania 216.973 refugiados y más de 220.000 solicitantes de asilo. Aunque en cuanto al número de inmigrantes también bate récord. De acuerdo con la Oficina Federal de Estadísticas alemana, el número de inmigrantes alcanzó los 11 millones en 2014, siendo el país europeo de destino preferido por más de 200 nacionalidades.

La voluntad casi obsesiva de alcanzar el suelo alemán afectaba también a terceros países como Serbia, Hungría o Austria cuyos gobiernos debieron ingeniárselas de alguna u otra manera para hacer frente a la llegada “masiva” de inmigrantes que atravesaban sus territorios. En el caso de Hungría, este país ya ha terminado la valla “anti inmigrantes” de 175 kilómetros en su frontera con Serbia que tiene como objetivo paliar la afluencia de los refugiados. Por su parte, Austria ha reforzado el control en su territorio para prevenir el tráfico de personas y evitar desgracias como cuando hallaron en la autopista un camión abandonado con 71 cadáveres, entre ellos ocho mujeres y cuatro niños.

Y Alemania, mientras por una parte pide solidaridad por parte de los dirigentes europeos, por otra tiende la mano a los que desean entrar en su territorio. Así, ante tal situación, la canciller, Angela Merkel anunció en 2015 que iba a permitir a los refugiados procedentes de Siria a aplicar para el asilo y quedarse en el país mientras la solicitud se tramita, violando con ello el Reglamento de Dublín que establece que el primer Estado miembro por el que acceden los refugiados a la Unión Europea es el que va a examinar las solicitudes de asilo y en el que estos deberán permanecer hasta la resolución de sus peticiones. El anuncio de la mandataria alemana implicaba que ningún refugiado de origen sirio que alcanzara su territorio vaya a correr el riesgo de ser devuelto, tal como pasaba hasta entonces. Aunque, a pesar del reglamento, Alemania ha sido bastante permisiva en este sentido dado que de las 44.417 peticiones de asilo por parte de refugiados sirios registradas en los primero siete meses de 2015, sólo se devolvieron a 131 al primer país europeo alcanzado por estos. Los motivos que invocaron las autoridades alemanas con esta decisión fueron de índole humanitaria, pero también burocrática dado que para restituir a los refugiados requiere un abrumador número de trámites y papeles que retrasan bastante el proceso. Asimismo, retornar a los refugiados que buscan asilo es algo incómodo para Alemania que,  además, concede a estos la posibilidad de recurrir tal decisión.

Ambiente acogedor

Pero, ¿por qué los refugiados eligen Alemania para residir y no a otro Estado europeo? Fijarse únicamente en su fuerte atractivo económico sería quedarse en la superficie, aunque no quita que mucho estén atraídos por esta razón.

A primera vista la Ley de Inmigración alemana no ofrece ventajas más allá de las establecidas en las demás normativas europeas, así como tampoco su política para los refugiados. Una posible hipótesis puede ser el tradicional efecto llamada por parte de  los que ya se han establecido en el país, sin embargo, la clave de ello puede radicar en el Plan Nacional de Integración en vigor desde 2007, consensuado entre todos los actores de la sociedad, incluidas las asociaciones de inmigrantes, que estipula la integración de los extranjeros como una “responsabilidad clave para el futuro” y un asunto que concierne a todos para asegurar “que todas las personas que viven en este país entienden y experimentan una Alemania de mente abierta en la que vale la pena vivir”.

Con un presupuesto anual de alrededor de 750 millones de euros, el Plan fija una serie de acciones favorables a la creación de un ambiente amable para la inmigración en el que se busca incesantemente mejorar las condiciones de estancia de estos. Facilitar la enseñanza del alemán y fomentar la igualdad de oportunidades en la educación, la formación y el mercado laboral, son actividades que involucran a partes iguales al Gobierno central y a los federales, así como a asociaciones de todo tipo y a voluntarios, con el objetivo de hacer partícipes a los extranjeros en la sociedad alemana en la que hay cabida para la diversidad cultural. En este sentido, desde 2005 Alemania está involucrada en una política activa de integración de los inmigrantes que fija cursos obligatorios de alemán, Derecho o Historia. A diferencia de países como Reino Unido en el que el debate acerca de la inmigración siempre se ha centrado en la cantidad de inmigrantes permitidos y de qué países, Alemania se ha preocupado más por el impacto cultural que ha tratado de paliar mediante medidas como estas que se revisan periódicamente para adaptarlas a los cambios que puedan surgir.

Gracias a ello se ha fomentado la creación de una sociedad no sólo multicultural, sino también intercultural con una población nativa favorable a la inmigración, a pesar de las manifestaciones de grupos ultraderechista. Así lo demostraban las encuestas del país en 2015 que reflejaban que en diez años las personas que consideran la inmigración necesaria para el mercado laboral nacional se han doblado, de 27% a 53%.

La inmigración, una necesidad

Alemania es un país fuertemente dependiente de la inmigración dado que es uno de los Estados con la mayor tasa de envejecimiento del mundo, lo que hace peligrar que en el futuro este pierda su estatus de líder europeo. De una población total de 82 millones y una esperanza de vida que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) fija en  81 años, casi el 21% de la población tiene más de 65 años y el porcentaje de su población en edad media se sitúa en 66.1%.

La tendencia al alza de su población en edad de jubilación –se espera que alcance el 33% en 2050- , tampoco queda amortiguada por los nacimientos, dado que la tasa de natalidad es de tan sólo 1.4 niños por mujer. A pesar de la inmigración es previsible que la población se desplome hasta 74 millones para 2050. Por eso, los grupos parlamentarios habían abierto el debate sobre la necesidad de reformar la Ley de Inmigración en orden a facilitar la entrada y estancia de los inmigrantes, dado que Alemania necesita urgentemente mano de obra cualificada.

Artículo modificado

Publicado en septiembre de 2015 en Atalayar

 

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